Antropología y Etnografía
Cuevas de Inti Huasi, La Carolina, provincia de San Luis
Una amplia arcada servía de defensa contra el sol del verano y las lluvias invernales.
La presencia del HOMBRE en la región de Cuyo data de 6.500 años antes de Cristo; según las dataciones de Radiocarbono llevadas a cabo por el Profesor ALBERTO REX GONZALEZ, en las cuevas de INTI HUASI, en el territorio de San Luis.
El nombre INTI HUASI proviene del "quechua" y significa CASA DEL SOL.
Una amplia arcada servía de defensa contra el sol del verano y las lluvias invernales. Siendo esta arcada el sitio más seco y de mayor luminosidad de toda la caverna, debió ser el lugar de reunión de los habitantes que la poblaron en las diferentes épocas.
El hombre llegó a estos sitios cuando la temperatura había alcanzado extremos tales que generaron un proceso de desertización y LA CUENCA DE LOS LAGOS estaba enormemente disminuida.
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Región del valle utilizada para cultivos y pastaje de ganado
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Los INTI HUASI desaparecieron para reaparecer 300 años después, en el 5.900 a.c., cuando la región había adquirido su fisonomía actual, para dedicarse a la cacería y la recolección de frutos, tales como los del algarrobo. A partir de ese momento, la vida en el territorio puntano se transformó y quedó reducida a las márgenes de las SIERRAS DE SAN LUIS. Las más favorables para la cacería en verano fueron las partes altas, mientras que la recolección estuvo vinculada al litoral de los grandes ríos y a las partes bajas, particularmente al VALLE DEL CONLARA.
Cuando en el año 2.000 a.c. ingresaron, procedentes del Sur del PERU, los grupos que traían los fundamentos incipientes de la agricultura y ganadería, el hombre ya no pudo hacer sus traslados temporarios de acuerdo al clima de la época y comienza a buscar zonas intermedias para su asentamiento.
A partir del año 700 después de Cristo comienzan a generarse grupos aldeanos en los pequeños valles protegidos que permitieron, en sus partes más bajas y húmedas, los cultivos. Mientras que las paredes del embudo que constituían esos valles, sirvieron para el pastaje del ganado. Las pampas altas y los lugares incultos continuaron aportando la cuota de caza y recolección de diversos frutos.
Las condiciones de las Sierras no pudieron permitir jamás otro patrón que el de la Aldea dispersa. Hoy, muchos de esos grupos aldeanos se han convertido en las poblaciones de distinta importancia que pueblan el actual Valle del Conlara.
Acerca de esta nota...
Autor de la nota: Grondona Olmi, Verónica
Fuentes utilizadas:
"El País que no Miramos", serie de documentales para televisión producidos por Iván Grondona. Archivo General de la Nación, video 53, programa 8.
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