Bares y Cafes
Café Los Galgos, San Nicolás, Ciudad de Buenos Aires
De afuera, lo que llama la atención es la ventana circular sostenida por una ménsula que sobresale sobre la ochava.
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Foto: Verónica Grondona
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Una vez dentro, el juego de sus espejos, que cubren casi todas sus paredes, le impiden a uno esconderse de su propia mirada, e invitan a la complicidad.
Los galgos son hoy mas dueños del local que sus propios dueños, vigilando desde lo alto a todos los visitantes del café.
Pero quizá el mas interesante de los detalles es el grifo de bronce cabeza de cisne que antiguamente fuera utilizado para servir cerveza.
El café ha sobrevivido, tal vez gracias a su ubicación, en un centro concurrido por oficinistas y estudiantes.
Por suerte, en los momentos en que oficinistas y estudiantes se encuentran ausentes en sus cuevas, Los Galgos se convierte en un tranquilo café donde es posible sentarse a embriagarse de silencio en una esquina bulliciosa.
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Foto: Verónica Grondona
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Un poco de historia del café y de la esquina
En el siglo XVI era un tunal, cerca de un espejo de agua, visitado por los Querandíes para abastecerse de frutos.
En el siglo XVII formaba parte del tejido de la ciudad trazada por Juan de Garay.
En 1730, el Cabildo decidió vender estas tierras comunales considerando el crecimiento de la ciudad y el tunal en cuestión pasó a ser propiedad de la familia Alquizalete.
En 1753 el sacerdote Juan Antonio de Alquilazete donó la propiedad a la Compañía de Jesús y pasó a conocerse como Quinta de la Compañía. Los jesuitas plantaron frutales e hicieron jardines despejando el terreno de tunas salvo en su límite oeste, la actual avenida Callao.
En 1769 los jesuitas fueron expulsados del virreinato por Carlos III y años después la quinta fue vendida a una persona de apellido Contreras.
En 1830 la ciudad crecía hacia el oeste y llegaba hasta la actual avenida Callao, que era por entonces una apacible huella y se llamaba sencillamente calle Las Tunas.
En 1857 pasaba por Lavalle, cruzaba Callao, y se internaba por el actual pasaje Discépolo, la famosa locomotora La Porteña.
En 1859, cuando se produjo el enfrentamiento entre la Confederación y la provincia de Buenos Aires, Mitre atrincheró la ciudad por la calle Las Tunas.
En 1878 la línea férrea se levantó porque obstaculizaba el crecimiento urbano. Las quintas se lotearon y se convirtieron en pequeñas fábricas, talleres, viviendas.
En 1880 desaparece el tunal, comienzan a lotearse los terrenos y es en este lugar donde se edifica la residencia de la familia Lezama.
En 1920, la marca Singer alquiló la casa para poner a la venta sus productos. Cinco años después, se transformó en farmacia por el lapso de un lustro.
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Foto: Verónica Grondona
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Hacia 1930, un asturiano empezó a explotar el lugar como bar y almacén; llamándolo Los Galgos por su afición a las carreras de galgos.
En 1948 fue comprado por José Ramos, el padre de los actuales dueños, y decide mantener el nombre, las mesas, las sillas, la chopera con forma de cisne y los dos galgos de porcelana que tenía el asturiano.
La única modificación que se introdujo en 70 años fue el cambio del mostrador. La boisserie es original.
En los cincuenta, sesenta y setenta, el bar fue frecuentado por políticos y artistas. Entre ellos, Enrique Santos Discépolo, Aníbal Troilo y Arturo Frondizi.
Desde octubre de 2004, Los Galgos pertenece a los cafes “notables” de la ciudad de Buenos Aires.
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Author of the article: Grondona Olmi, Verónica
Sources employed:
- periodico-vas.com.ar a enero de 2010
- info.todobuenosaires.com a enero de 2010
- nelqp.wordpress.com/2008/12/07/un-cafe-una-vida-entera/ a enero de 2010
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